lunes 26 de enero de 2009

OVNIS: DISPAR ENCUENTRO

Nunca nadie tan joven como él había demostrado tan firmemente y con tanta veracidad la existencia de Ovnis. Se trata del recién licenciado ufólogo Charles Bookman, nacido en un pequeño pueblo cercano a la costa sudeste de Inglaterra llamado Wickford. Desde pequeño había estado interesado en todo lo referente a fenómenos paranormales. Es por esto que a la edad de 18 años decidió estudiar Ufología. Fue entonces cuando comenzó a escribir su preciado diario. No era un diario corriente, se trataba de un diario donde describía cada una de las pruebas que habían salido a la luz a nivel mundial en cuanto al tema, además de una descripción de una experiencia vivida personalmente en su recorrido por este tipo de fenómenos. Se han dado casos en los que personas que estudiaban muy de cerca el tema Ovni, y que comunicaban que muy pronto darían a conocer toda la verdad del fenómeno en sí, han decidido mejor no hablar. Éste no fue el caso de Charles Bookman. Él decidió plasmar todas sus investigaciones al respecto en su diario, el cual, una vez finalizado y habiendo Charles acabado la carrera de Ufología, fue presentado como tesis final de carrera.
Su tesis comienza analizando desde la prehistoria los múltiples conocimientos de la existencia de extrañas y misteriosas formas circulares luminosas que surcaban los cielos de la antigüedad sembrando el pánico. Fue en esos instantes cuando surgió la necesidad de encontrar una explicación a dichos sucesos, que en el caso de nuestros antepasados recaería, como casi todo lo que no lograba argumentarse, bajo el tópico de lo divino y sería digno de adoración.
De esta forma, algunos arqueólogos se remontan a 45.000 años de antigüedad para hablar de descubrimientos en Siberia, China, Japón y la India, al igual que en América y África, de dibujos encontrados en cuevas y de múltiples trazados realizados en rocas de manera rudimentaria que representaban claramente y sin duda alguna platillos voladores trazados por artistas de la edad de piedra.
Bookman, en esta primera explicación, quiso darle cierta importancia al notable divulgador de temas extraterrestres en la antigüedad, Von Däniken, el cual describió en uno de sus libros la sorprendente imagen que vio en el desierto de Gobi, y que correspondía a un ser maravillosamente dibujado en la roca, con todo tipo de colorido y que flotaba en el aire por efecto de la antigravedad. Däniken partía de objetos arqueológicos para formular teorías en las que entraban en juego seres extraterrestres y las cuales iban en contra de las teorías universalmente conocidas, pero no demostradas, teorías oficiales.
Bookman también hace mención al gran número de testimonios encontrados en México y en Perú. Tal vez el más notable haya sido la famosa lápida del dios-astronauta de Palenque, en el estado de Chiapas (México). La parte central de la lápida representaba un hombre que maneja el tablero de mandos de su «platillo», de la misma manera que lo hace hoy en día un astronauta camino de la Luna. Es realmente asombroso ver la semejanza que existe entre ambas imágenes. Era la primera vez que no estaba representado el difunto en «pose» de guerrero.

A medida que Bookman iba profundizando en el conocimiento de este fenómeno estaba cada vez más interesado en leer cualquier artículo que hiciera referencia al tema. Fue por ello por lo que no dejaba de acudir a las más recónditas bibliotecas donde pudiera encontrar libros que hicieran mención a fenómenos paranormales, pues no abundaban especialmente. Por lo tanto dedicaba todo su tiempo libre en buscar lugares donde poder encontrar dicha información. Y fue en una pequeña tienda de venta de libros usados donde encontró la sorprendente «Siflala» una colección de escrituras caldeas procedentes de la India que datan de nada menos que siete mil años antes de nuestros días. Estas escrituras contenían instrucciones exactas para la construcción de lo que llamamos hoy un «platillo volador». Incluía también informaciones sobre ángulos de aterrizaje, estabilidad en el aire, indicadores de cristal y equilibrio. Además se indicaba que las superficies de los cristales cambiaban de color durante el vuelo, lo que resultaba ser un fenómeno observado por casi todas las personas que han visto ovnis actualmente.
Sin embargo, Bookman comprobó que le faltaba recopilar información sobre las escrituras de la Biblia sobre este fenómeno. Cuando recordó que en sus últimos años de Universidad tenía un compañero que se había convertido en sacerdote, con el que decidió ponerse en contacto con el fin de que éste le aportara información al respecto más especializada. Por lo tanto tendría que viajar a Roma donde su antiguo compañero Stuart vivía en aquel momento.
Bookman se sorprendió del gran archivo perteneciente a la Iglesia que su amigo le mostró. En éste pudo encontrar ciertos pasajes pertenecientes a la Biblia donde se reflejaba de una forma asombrante el paralelismo entre las vivencias de los profetas y ciertos fenómenos paranormales.
Entre los ejemplos tan notables que encontró, uno especialmente despertó su atención. Éste hacía referencia a un relato correspondiente al Génesis donde Jacob cuenta un «extraño» sueño: «Jacob salió de Berseba y fue a Jaran. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar y se la puso como cabeza, y acostóse en aquel lugar. Y tuvo un sueño; soñó con una escalera apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles bajaban por ella. Y vio que Yahvéh estaba sobre ella... ».

Fue inmensa la cantidad de información que recopiló sobre relatos referentes a posibles avistamientos de Ovnis, pero realmente sorprendente fue cuando Stuart le mostró el papiro de Tulli, que se encontraba en el museo del Vaticano. En éste se podía leer un apasionante relato al respecto: "En el año 22, tercer mes de invierno, a la sexta hora del día, los escribas de la Casa de la Vida notaron la llegada de un círculo de fuego en el cielo, su cuerpo tenía una vara de largo por un quinto de ancho; aunque no tenía cabeza, su boca despedía un aliento de olor fétido". Continúa el papiro con más descripciones y acaba diciendo: "...Cayeron del cielo peces y aves, una maravilla jamás vista desde que este país existe".
También pudo encontrar numerosos testimonios de la Edad Media escritos por monjes que pasaban gran parte del tiempo mirando el cielo, en los que describían sus avistamientos.
Tras un estudio de estos testimonios pertenecientes a la Edad Media, Bookman inició el análisis de los registros modernos sobre Ovnis. En su tesis hizo especial hincapié en un inusual fenómeno registrado en 1790 en la localidad francesa de Alencon. Multitud de informes de la época recogen el hecho: «Un enorme globo envuelto en llamas se posó en la cima de una colina. Un hombre vestido con un atuendo muy ceñido salió del mismo y se perdió en los bosques cercanos. Cuando los campesinos acudieron a comprobar el extraño fenómeno, el globo estalló silenciosamente ante ellos, sin dejar rastro ninguno.»

Llegados a este punto fue cuando Bookman relató en su tesis parte de su experiencia personal haciendo mención de un acontecimiento que había vivido de pequeño y que no podría olvidar nunca. Se trataba de un avistamiento de un objeto volador no identificado que él mismo presenció. Lo describe como si de un hecho cotidiano se tratara pero definiendo exhaustivamente cada uno de los detalles que pudo ver. En ello coincidía con el informe de Alencon ya que Bookman detallaba el lugar de su avistamiento, un bosque, y la forma del objeto volador, una especie de globo que se desvaneció con una sorprendente explosión luminosa. Es desde la seguridad que le da a Bookman el hecho de haber sido protagonista principal de un avistamiento, lo que le anima a seguir indagando en toda la información que la Edad Contemporánea empieza a describir sobre fenómenos similares observados. Como lo ocurrido en 1882 cuando un inusual fenómeno fue observado por el astrónomo Edgard Walter Maunder, y éste lo describió así : <<“extraño visitante celestial” que tenía “forma de disco”, “forma de torpedo”, “forma ovoide”, y que era “igual a un dirigible Zeppelín”, era mucho más brillante que las luces de la aurora, tenía bordes bien definidos y era opaco en el centro, blanquecino o verde claro, de 30º de largo y 3º de ancho, y se movía a ritmo constante a través del cielo septentrional tardando menos de 2 minutos en ir del este al oeste.>>

Como preludio al siglo XX, Bookman describió lo que fue “el primer entierro de un extraterrestre”. Ocurrió en Estados Unidos, en el pueblo de Aurora del Estado de Tejas, el 16 de abril de 1897, cuando aún no existían coches y faltaban seis largos años para que los hermanos Wright inventaran el avión. Aquel día, a las seis de la mañana, un hecho espectacular pudo ser presenciado por gran parte de la población; un disco monoplano, dirigido por un solo hombre, sufrió un accidente. El artefacto «cayó del cielo» como decían los testigos. Trazaba círculos para poder aterrizar. No lo logró. Intentando sobrevolar el campanario de la Iglesia, chocó con la torre del suministro de agua y se desplomó, cayendo el disco monoplano a tierra, el vehículo quedó completamente destrozado y también su único ocupante, al que se enterró al día siguiente en el cementerio del lugar. El «Dallas Morning News» del día 19 publicaba el hecho en un artículo con todo lujo de detalles. Fue el primer dato de un extraterrestre enterrado en la Tierra.

Fue ya entrados en el siglo XX cuando el fenómeno de los Ovnis comenzó a ocupar sitios en las páginas de los periódicos de todo el mundo. Por ello, Bookman analizó con especial dedicación el siglo contando con la inmensa ayuda que las nuevas tecnologías comenzaban a aportar. El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un piloto particular, avistaba desde su avioneta en vuelo sobre el estado de Washington, cerca de la frontera del Canadá, encima del monte Rainier, nueve discos voladores. Los describió a los periodistas como «platillos volantes». Esta descripción tan llamativa y sugerente se pegó en los oídos de la población y dio la vuelta al mundo. A partir de este hecho fue la fecha en la que comenzó a haber numerosos avistamientos de ovnis.

Eran innumerables los casos expuestos en su diario, pero finalmente cabría destacar el último al que hizo referencia. Se trataba de un avistamiento que se produjo a finales de diciembre de 1980, en el Bosque Rendlesham, Inglaterra. El numeroso personal U.S. militar atestiguó lo que ha venido ser considerado como el incidente Ovni militar más significativo en la historia de Gran Bretaña.
Los militares fueron destinados a RAF Bentwaters e instalaciones de RAF Woodbridge - que juntos constituyen una de las bases más grandes de la OTAN en Suffolk rural. El 27 de diciembre, vieron unas luces insólitas y notaron actividad cerca de la puerta trasera de la base. Un trío de agentes de policía de seguridad conducidos por Jim Penniston, pensando que un avión militar podría estar en peligro, se aventuraron en el Bosque Rendlesham para investigar. Allí observaron una variedad de fenómenos sobrenaturales que ninguno de ellos pudo explicar, así como un objeto aerotransportado obscurecido por su propia luz. Al día siguiente, el 28 de diciembre, los agentes volvieron al bosque y encontraron tres depresiones radiactivas en la tierra donde el objeto había sido visto. Esa noche, otros testigos en áreas circundantes vieron un disco rojo intenso pulsar y moverse por los árboles.
Más tarde, varios de los hombres implicados, incluyendo el aviador Larry Warren, fueron interrogados por oficiales estadounidenses y británicos, ordenándoles firmar documentos que contradecían sus versiones de primera mano. Además, les obligaron a permanecer callados y fueron advertidos por el personal de inteligencia U.S. militar que, si no lo hacían, “las balas son baratas”. Dos semanas después de estos incidentes, el Coronel de Teniente Carlos Halt (quien se retiró años más tarde) escribió una nota que detallaba todo lo que los agentes de policía habían visto. Pero la verdad ha rechazado permanecer oculta. En diciembre de 2002, el Ministerio de la defensa nacional británico liberó un archivo sobre el incidente Rendlesham que comprendió 180 páginas de notas antes secretas, cartas, informes y correspondencia. Pero a pesar de la admisión del gobierno británico que un incidente relacionado con el ovni ocurrió cerca del Bentwaters y campos de aviación Woodbridge en 1980, el gobierno estadounidense todavía rechaza liberar sus propios archivos sobre el encuentro.

Sin embargo, sería la gran cantidad de manipulada información que aparecía en todos los medios de comunicación lo que despertó en Bookman la necesidad de hacer públicas sus investigaciones, exponiéndolas en la Universidad de Oxford. La tesis de Bookman en cuanto al avistamiento de Ovnis deja una profunda incógnita en el esclarecimiento de estos fenómenos, que podría dar lugar a que los más escépticos sobre el tema, se replantearan sus argumentos.
Una vez finalizada la exposición de su tesis, algunos de los oyentes se levantaron y aplaudieron. Sin embargo, hubo algunos que no lo hicieron. Y fue uno de éstos, un científico llamado Ernest Ballard, quien asombrado ante la ausencia de pruebas de Bookman sobre todo lo expuesto, decidió llamarle para tener un encuentro donde le proporcionaría reales y serias pruebas científicas que podrían explicar fenómenos similares a los que él había expresado. Ballard tenía la impresión que Bookman pertenecía a alguna de las sectas Ovnis, donde sus integrantes comparten la tendencia de incorporar ideas del Cristianismo y otras religiones para apoyar sus recopilaciones y/o experiencias. Por lo tanto quedó altamente sorprendido cuando Bookman aceptó sin ningún reparo.
Ernest Ballard había realizado estudios de Astrología y Física, y de ellos se valía para el esclarecimiento de tales fenómenos. En los últimos veinte años había estado realizando sus estudios con otros colegas y muchos contactos desde su casa rodante en Nevada, lo que despertó la curiosidad de Bookman porque allí se encuentra la base ultra secreta de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, llamada Área 51, lo que para los ufólogos es la cuna de las naves extraterrestres. Para otros más escépticos es sólo una base del ejército de los Estados Unidos que es utilizada para probar tecnología secreta y nuevas aeronaves militares.
Ésta fue la presentación que le hizo a Bookman en su encuentro en una sala del hotel donde éste se alojaba. Bookman se mostró interesado desde el primer momento porque donde Ballard realizaba los estudios es el lugar donde se supone ha habido más avistamientos de Ovnis en todo el mundo, el desierto de Nevada.
Seguidamente Ballard comienza a exponerle su aceptación sobre la filosofía del CSICOP (Committee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal), grupo que ataca duramente todas las manifestaciones que no forman parte de la ciencia ortodoxa. Las ideas anti-ufológicas de CSICOP ni siquiera pueden caracterizarse como hipótesis. Ellos afirman que los Ovnis no son producto de aberraciones psicológicas, confirman que simplemente no existen, argumentando que el testigo de los avistamientos no reconoce un fenómeno natural, o simplemente interpreta equivocadamente lo que ve.

A continuación, Ballard quiso hacerle partícipe de cierta información privilegiada que él tenía la fortuna de poseer gracias a su íntima amistad con el más conocido exponente de la vertiente anti-ufológica, Phil Klass.
En dichos informes Klass plasmaba varios casos en los que se refleja una de las ideas que respaldan los escépticos del fenómeno. Esta idea se basa en convertir a los OVNIs en OVIs (o también llamados UFOs en IFOs), es decir asociar los avistamientos de objetos no identificados con objetos identificados como aviones, globos, meteoritos u otros objetos, o incluso con ilusiones o falsas alarmas.
Por lo tanto, Ballard le expuso uno de los casos. Se trata del supuesto avistamiento en Salt Lake City. Un misterioso objeto parecido a un dirigible fue confundido con un ovni. Se trataba de un artefacto que fue desarrollado por un residente que, según fuentes policiales, perdió potencia y derivó sobre el valle.
El objeto plateado, tipo zeppelín fue visto por docenas de testigos aproximadamente a las 8:00 de la mañana. Los testigos reportaron que el objeto parecía tener aproximadamente 100 pies de largo, pero las autoridades dijeron que en realidad era de menos de 20 pies. El dirigible no rígido flotó sobre Salt Lake City y eventualmente cayó en las colinas al este del centro de la ciudad. Scott Duehlmeier, quien trabajaba en el área donde cayó el dirigible, corrió para ver qué era. Él lo recogió y encontró que era un objeto tipo globo. La policía de Salt Lake City entró en contacto más tarde con un hombre, Daniel Geery, de Salt Lake City, que afirmó ser el propietario del objeto y admitió que era un artefacto que él estaba desarrollando. Los reguladores de tráfico aéreo en el aeropuerto internacional de Salt Lake City no captaron el objeto en el radar y desconocían que estaba generando un rumor de ovnis. Los funcionarios dijeron que pudo ser que las regulaciones federales del tráfico aéreo hubieran sido violadas y finalmente las autoridades decidieron presentar cargos contra el dueño del dirigible no rígido.
Llegados a este punto, Ballard percibió que el joven Bookman parecía mostrar suficiente interés a sus investigaciones. Por lo tanto, le enseñó un documento científico que plasmaba algunos de los factores que podrían influir en la aclaración de tales fenómenos. Como serían:
Ausencia de la vida: no existe una vida de ningún tipo fuera de la Tierra. No se ha encontrado vida en ningún planeta de nuestro sistema solar, excepto en la Tierra. Los científicos han gastado miles de millones de dólares esperando detectar señales inteligentes de otro de los 200 miles de millones de sistemas solares en nuestra Galaxia Vía Láctea o de uno de los 100 millones de otras galaxias, y hasta ahora no se han podido encontrar. No existen señales inteligentes. Nadie está ahí fuera.
Distancia: Las grandes distancias en el espacio son difíciles de comprender para nosotros. La distancia más cercana a nuestro vecino estelar, Proxima Centauri, es de 4,3 años luz o 40 millones de millones de kilómetros. Un año luz equivale a 5,88 millones de millones de millas (9,46 millones de millones de kilómetros). La Galaxia de Andrómeda se encuentra a una distancia de dos millones de años luz, es la galaxia importante y más cercana y es de tamaño comparable a nuestra propia galaxia. Incluso si una nave espacial pudiera llegar a la velocidad de la luz, que no podría, el viaje de la Galaxia de Andrómeda tendría dos millones de años. Muchas cosas son, evidentemente, imposibles y ésta es una de ellas.
Obstáculos estelares: El universo no está totalmente vacío. El 90% de su materia se dice que es invisible porque no emite luz o rayos X. Sin embargo, si se golpeara una pequeña cantidad de polvo interestelar mientras se viaja a la mitad de la velocidad de la luz, cualquier objeto se destruiría.
Imposibles señales de radio: Los científicos tenían la esperanza de encontrar señales de radio o de rayos X de posibles transmisiones procedentes de otra forma de vida. Sin embargo, esto no ha sido así, no existen señales inteligentes provenientes de cualquiera de las 100 millones de galaxias, hasta el momento.
Tras esta última aportación de datos, Bookman parecía mostrarse algo saturado por tan novedosa y técnica información que Ballard le estaba exponiendo. Por lo tanto, éste decidió pasar a hacerle un rápido resumen de fácil comprensión sobre el tema, en el que le exponía explicaciones para posibles avistamientos de Ovnis:
Globos meteorológicos: son globos llenos de gas lanzados al espacio para medir las condiciones en la atmósfera superior y así ayudar a los meteorólogos.
Nubes: existen nubes densas en forma de platillo o lenticulares que se forman a gran altura y han sido confundidas con Ovnis.
Basura espacial: los desechos espaciales pueden crear unos resplandores espectaculares cuando se queman en la atmósfera terrestre.
Centellas: rayos con extrañas formas que han sido vistos muy pocas veces y por ello son objeto de debate científico.
Perros de sol: también llamados “falsos soles”, son puntos brillantes en el halo solar que aparecen como bolas de luz en el cielo.
Dirigibles o globos publicitarios: estos se pueden confundir con platillos volantes dependiendo del ángulo de visión y especialmente por la noche.
Espejismos: es un fenómeno natural donde el aire frío o caliente dobla los rayos de luz para producir una imagen de un objeto distante en el cielo.
Los campos magnéticos: un informe del Ministerio de Defensa dice que las personas expuestas a determinados campos magnéticos o eléctricos pueden sufrir de recuerdos recurrentes. Bajo este aspecto el metal de un coche hace de conductor de campos magnéticos, descargas eléctricas y movimientos geológicos que de algún modo afectan al hemisferio derecho del cerebro humano. Este hemisferio gestiona la sensación de presencia, así como la sensación de experiencia trascendental y fuera del tiempo. Según algunos científicos, esto explica suficientemente el estado de desorientación, la amnesia y la pérdida del sentido del tiempo, habituales en estos fenómenos. Esto hace que la persona retenga en la memoria una descripción inexacta de lo que creyó ver.

Había transcurrido ya bastante tiempo desde el comienzo de este encuentro y Bookman no parecía estar impresionado ante parte de la nueva información que acababa de conocer. Esto no pasó desapercibido por Ballard, por lo tanto, tras unos minutos de incomodo silencio, ambos decidieron ponerle fin de forma cordial intercambiando sus investigaciones, pero ambos parecían mostrar no tener intención de modificar sus deducciones ante un tema de tanta controversia.

Conclusiones

En este mundo de misterio tan lleno de especulaciones, hipótesis y dudas resulta complicado encontrar respuestas y evidencias a determinados hechos y fenómenos que nos acontecen.
En la década de los ’80 todo lo relacionado con el fenómeno Ovni era clasificado de extraterrestre y se referían a ellos como platillo volador o nave extraterrestre, algo que la ciencia y la tecnología han demostrado que no es totalmente así.
Pero ocurre que algunos investigadores informan sobre sus prácticas de manera especulativa, sin visión realista y objetiva del fenómeno, dando lugar a contar medias verdades o medias mentiras que llevan a ver el tema como una conspiración mundial.
Afortunadamente hoy en día casi nada es secreto, muchos casos y fenómenos que eran grandes misterios hoy se sabe que son malinterpretaciones de los mismos y hasta fraudes.
Es más, la aparente “realidad extraterrestre” del fenómeno Ovni está descartada por sus pocas evidencias, al parecer no hay una sola prueba real que haga referencia a posibles contactos con seres extraterrestres. Incluso recientes investigaciones indican que muy probablemente se trate de algo de orden terrestre y hasta de índole humano.
No se puede descartar que haya vida inteligente en otro planeta, pero lo que serios y formales investigadores explican es que si hubiera un primer contacto, éste se produciría en el espacio y no aquí en la Tierra.
El problema aquí en la Tierra es la interpretación que se le da al fenómeno, porque lo importante no es lo que se pueda creer sino lo que se pueda saber y comprobar.
Desafortunadamente existen muchos pseudo investigadores interesados en continuar con el mito de los Ovnis, pues da mucho juego y abre muchas puertas. Si se contara toda la verdad, el mito se acabaría y su trabajo investigador también.
Desde hace tiempo ya funcionan organizaciones formales de investigación que están ayudando a darle veracidad a este fenómeno, pues en los tiempos actuales la gente lo que necesita son respuestas y soluciones para convencerse de que es algo que merece ser investigado.

Fuentes bibliográficas

CAMPO, R. Los Ovnis, ¡Vaya timo!. Madrid: Laetoli, 2006

BABLER, A. OVNI: Conspiración mundial. 2007

La sociedad de la mentira. Barcelona: Editorial Planeta S.A, 2008















LUCÍA SILLERO SILVA

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